La realidad como máscara Susana Suniaga Marín

La propuesta artística que he venido realizando se manifiesta por la necesidad de mostrar un enfoque personal desde la perspectiva plástica de la máscara, relacionando los términos de realidad y apariencia y el hombre como trasgresor de su propia identidad. La realidad que aparentamos es la que alcanzamos a ver, es la que llevamos por fuera, es otro rostro que colocamos sobre el nuestro para ocultar los verdaderos sentimientos. De esta manera nos apartamos de las sensaciones y nos alimentamos de la apariencia donde cada uno se coloca una máscara y de esta manera interpreta y vive distintos papeles. El encuentro diario con una cotidianidad enmascarada y disfrazada (incluyendo los míos), ha generado una serie de imágenes que en mi han sido el motivo para la ejecución de mi obra. En mis propuestas artísticas he representado diversos conjuntos de personajes portadores de máscaras, de disfraces: animales, brujas, reyes, payasos, bailarines, locos, personajes mágicos, irreales, grotescos, fantásticos, en fin una cantidad de seres aptos para mostrarse en este desfile donde todos debemos y queremos participar. En la actualidad pareciera que no quedara regla por violar, ni valores que resguardar, las sociedades se han convertido en un desfile de carnaval indetenible en el que cada uno de nosotros es portador de una máscara.

Dejando las fiestas en particular a un lado, es en la vida misma donde se observa lo más variado en lo que a máscara se refiere, ya que es imposible no mostrar el otro ser que habita dentro de nuestro propio cuerpo. La máscara pareciera ser el único recurso que tiene el hombre para escapar de una vida cada vez mas deshumanizada y difícil de llevar o bien para acercarse mas a ese caos del cual todos aparentemente queremos huir. Este mundo de máscaras y disfraces, lejos de ocultar, muestra el ser verdadero que habita dentro de nuestro cuerpo, evidenciando lo ridículo o extravagante, lo grandioso y ruin, lo grotesco, la mentira, el fraude, en fin lo mejor o lo peor que tenemos como vida o como apariencia.  La apariencia más que los sentimientos y pensamientos, es lo que nos ha permitido diferenciarnos en el mundo; las sociedades se rigen por lo que aparentan. Este trabajo plástico que he venido desarrollando durante algún tiempo surgió desde mi infancia hasta los actuales momentos, de ver, disfrutar, temer y cuestionar los carnavales y toda su parafernalia. Recuerdo muy bien estas fiestas carnavalescas, pero lo que en realidad me interesa de ellas es su representación dentro de la vida que ahora comprendo como un carnaval con sus comparsas y sonidos estridentes, con sus gestos y movimientos, con su viaje indetenible de personas que van a algún lugar.  Susana Suniaga M

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