Reseña de Roberto Guevara

Ha estudiado arte y filosofía, pero se conduce en un cerco más  privado y dentro de una evidente inclinación a los testimonios más simples y  despojados de cualquier ostentación. Se hizo notorio al ganar el premio mayor de la Bienal de Artes de Mérida, con participación internacional, celebrada hace poco, con una obra únicamente con materiales de arte povera, pero un espíritu enteramente distinto. Sus “corrales” son hechos, en efecto, con madera de café y cabuya, en base para un sentido casi aéreo, el necesario para estructuras o esculturas transparentes, que habitan no tanto en suelo de la Galería, sino en todo el espacio del recinto ,y en general en el espacio absoluto. Con este designio, Contreras fabrica en la simplicidad total de sus jaulas, troncos y árboles, montañas, animales, corrales y hasta la “nada”. Se tiene la impresión de estar frente a una obra severa, por  despojamiento y la falta de artificios que no obstante, se entrega sin ambages, parece formar parte de todo cuanto somos y hemos sido. La razón se encuentra   en un luminoso texto del artista.

“Mi casa estaba llena de la huella evidentísima de mis padres, que casi todo lo habían como levantado del suelo porque todo estaba allí desde siempre. Todos éramos como una misma cosa, la cosa de la vida y el mundo”. La misma cosa simple que nos añade, que fuera y dentro de nosotros nos sigue conmoviendo.   Apacible, diáfano modo de entender el arte, de comunicar sin embargo aquello, que dentro de nosotros deja mayor huella, deja pasión, deja intensa presencia. Franco Contreras pareciera abrir una zona diferente de investigación para el campo tridimensional, no sólo por simples recursos materiales, sino más bien por la postura permanente del artista, antes y después de abordar la obra. Es como pensar que habrá siempre un nuevo suelo, un nuevo apoyo, para cada paso que debamos emprender.

Roberto Guevara

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