LA PIEL ILUSTRADA O DEL SECRETO DEL COSMOS Rocco Mangieri

La piel del animal como superficie y soporte del trabajo de la imagen y la escritura no es nuevo pero al mismo tiempo no es un modo de expresión y de significación visual y plástica muy común. No tiene mucha pertinencia, en este caso particular, referir completamente la génesis y sentido de estas obras de arte en una historia del trabajo icónico sobre las pieles de los animales pero el recuerdo que reposa en el imaginario social y en la enciclopedia del trazado-dibujo sobre la piel es demasiado fuerte y pregnante como para dejarlo pasar. El observador , encontrándose con estas obras y su elocuente silencio, es atraído enseguida por la tactilidad y juegos microscópicos de los signos, las trazas y las huellas que el texto plástico nos dispone en una suerte de ofrenda al ojo táctil que involucra nuestro cuerpo e interconecta los sentidos.

Casi todas las imágenes y objetos del arte reclaman con intensidades variables el sentido del tacto sin negar que muchas lo ocultan o cancelan a favor de una visualidad de la distancia y de la representación en sentido pleno: son imágenes y obras que colocan a un espectador en un punto externo y virtual del espacio ubicado fuera del contexto de la obra.

Pero esta serie de iconos táctiles, a través del uso del soporte y de su evidencia plástica, construyen un espacio visual por la yuxtaposición de figuras del mundo natural y de lo imaginario. Las series y conjuntos entrelazados y superpuestos de figuras e imágenes conforman un concierto barroco de tramas y filigranas que intenta hacerse uno solo con el soporte que las recibe e inscribe.

Casi todos los actores y figuras de estos pequeños son metáforas y metonimias del mundo natural, de la arquitectura florida y modulada, del universo rítmico y modulado por las travesías y viajes del ojo-cuerpo y de la memoria. escenarios-incisos  del sentimiento.

Pequeños mundos posibles, amueblados por seres que se intrigan y entretejen invitando al observador a compartir la posibilidad de un universo ficcional caracterizado por el vínculo y la superposición orgánica: ¿Un mundo de relaciones maravillosas y quizás secretas que no recordamos?

Quizás en estas incisiones-tejidos icónicos se anuda la pregunta en relación a la existencia de algunos códigos secretos que nos trama como sujetos con el mundo natural un poco al margen del tiempo lineal y del progreso mecánico, como si cada obra nos detuviera en el tiempo interno de su propia lectura polidimensional interconectando seres y objetos en una

suerte de organismo complejo siempre inexplicable en su motor esencial pero que envía continuamente señales y signos de un relato fundamental. Desde esta mirada, la serie de obras es una pequeña alquimia de los signos y los símbolos: no solo por una cuestión de estilo y de formato-soporte sino también por las formas y estrategias retóricas mostradas en cada pieza

Oros   2006

Oros 2006

La obra no exhibe directamente los artificios de su elaboración sino que los pone a esa distancia justa desde la cual estamos invitados a acercarnos y comprobar con el tacto la continuidad de las figuras, su consistencia figurativa, los ritmos , las superposiciones y secuencias narrativas. Junto a esta táctica de la proximidad toda la serie juega a la lectura del preciosismo y del oficio de diseño y elaboración de los iconos y las figuras elementales que se van conjugando y entretejiendo a la manera de otros objetos luminosos: el vitral , el texto miniado medioeval, las imágenes obtenidas por transparencia y refracción de la luz, los signos pictóricos que atrapan el observador a través de los tintes dorados, luminosos, cálidos y brillantes como en el caso de la pintura religiosa del cuattrocento italiano y de la sensación de abundancia, de floritura henchida y de acumulación de las imágenes de un Rosseau.

 Pero al mismo tiempo existe otra cita, otro inter-texto muy poderoso que debe provenir del mundo visual, táctil y corporal de los tramados que produce la mano del talabartero, del alisador y curador de las pieles incisas y texturizadas a través de los ritmos de la mano que llena la superficie de pequeñas incisiones y cambios regulares de la superficie. Llamado estético y autobiográfico del autor: una marca y un tributo familiar al oficio , una apuesta personal que seguramente busca trascender los límites físicos del saber-hacer para dirigir nuestra lectura de superficie hacia algo más profundo, un saber acerca de la sustancia del arte y de su hacer: ¿ Un llamado de la percepción hacia otro tiempo más interior en el cual las figuras del mundo se “detienen” para hacer posible estos micro-escenarios orgánicos cuyo vínculo se nos aparece hoy como secreto por no poder ver ya sus relaciones internas?

La obra de Nelson Callejas parte de una forma muy personalizada de la representación del mundo natural haciendo énfasis en el acto, en el significado del soporte orgánico y en la necesaria inclusión de la memoria y de la autobiografía. Como acto, esta serie maravillosa de relatos tacto-visuales, rememora y aumenta el significado de una vinculación de la escritura-dibujo-ilustración en una sola unidad enciclopédica en la cual precisamente es la calidad del soporte, en su calidez y extensión, lo que configura finalmente la totalidad plástica. Si hubiese un verbo para describir la obra como acto sería una amalgama verbal entre incidir-dibujar-escribir-ilustrar.

Como memoria personal y autobiografica la serie lleva casi al límite del virtuosismo de los tramados y las filigranas el noble oficio del talabartero y del artesano de las pieles. Una relación de sentido que hace de la obra una valorización estética y un testimonio necesario que invalida la inútil separación entre artes menores y mayores, entre artesanos y artistas.

Desde esta perspectiva la serie es un gesto que retoma y resignifica la labor artesanal, el valor sensorial, plástico y testimonial de la mano humana que, a través de un largo proceso de trabajo y de tiempo acumulado, vierte su saber en la piel curtida y preparada para la inscripción del texto-dibujo.

Son piezas de la maravilla posible, ventanas táctiles, imágenes para el cuerpo, para el goce de las manos y del ojo, escenas yuxtapuestas donde casi siempre por intriga, enredos calculados, superposiciones sorprendentes pero sobre todo por una retórica de la acumulación neobarroca, se produce sin duda un asombro, un encuentro-reencuentro con algo nuevo pero al mismo tiempo de signos, huellas y símbolos del mundo natural que reclaman la formulación de antiguas preguntas acerca de nosotros , de nuestras bellas obras y sobre las secretas relaciones de todos los seres vivos que nos rodean.

Rocco Mangieri        

Universidad de Los Andes

Facultad de Arte

Laboratorio de Semiótica y Teoría de los Lenguajes.

Mérida  Venezuela  Abril 2006

 

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